Reto 9: Escribe un relato que integre las palabras ‘luz’ y ‘cuadro’ como elementos relevantes del argumento.separador4

Vigilaba el museo como cada noche. Le encantaba el horario nocturno, sin excursiones escolares, sin fisgones, sin intelectuales haciéndose los entendidos sobre los trazos de cada lienzo, revelando detalles ignotos sobre el autor —muchas veces inventados—, solo por hacerse los interesantes delante del resto. No, prefería el silencio y la soledad. Quería que los cuadros fueran los únicos testigos de su presencia y que el eco de sus pasos el único sonido que le acompañara durante su jornada.

Ray era un fotógrafo frustrado que se había acabado ganando la vida como vigilante de seguridad. No era la vida que había deseado, pero tampoco estaba mal. Su trabajo le permitía conocer el talento de muchos artistas y tenía acceso gratuito a todas las colecciones del museo. Era afortunado de algún modo.

Sus pasos le llevaron hacia la nueva exposición que se inauguraba al día siguiente. Era de un artista ruso que se había abierto camino en el mundo del arte mágica y escalofriantemente rápido, pues todos los que habían observado su obra confesaban sentirse hipnotizados por su presencia. Había pasado de ser un don nadie a llenar las galerías de los museos nacionales más importantes. Y la colección que le había abierto las puertas del éxito estaba allí, traída pieza a pieza desde el país del invierno. «Tengo que verla», pensó.

El acceso a la sala estaba cerrado, pero él poseía todas las llaves. Pensó en entrar y echar un vistazo. No tocaría nada y nadie se enteraría, ya lo había hecho muchas veces. Además sabía de sobra que esa sala no tenía cámaras.

La exposición había sido colocada tal y como el artista había pedido. La altura de cada lienzo tenía una razón de ser, según habían comentado sus compañeros. La posición de cada uno estaba predefinida y había sido una importante exigencia del autor para la exposición. Pronto descubrió por qué.

Al entrar, todas las obras dirigían la mirada hacia un lienzo central, uno que absorbía toda la luz de la sala. Todos los trazos eran un camino para llegar a él.

«La luz de la verdad», rezaba el título bajo el cuadro.

Se trataba de una obra que representaba un orbe gélido en un paisaje helado. El orbe se tensaba en sus extremos, dando la sensación de que podía alargarse hasta el infinito si así lo deseara. Irradiaba luz, una luz preternatural. El escenario helado que le acompañaba intensificaba la sensación. Ray se quedó absorto mirando el cuadro, tanto que perdió la noción del tiempo. Le pareció que el cuadro siseaba pidiéndole que revelase sus secretos. Ray comenzó a hablar, sin saber a quién, contándole lo que escondía. Pero el cuadro quería más y centelleó pidiendo su secreto más oscuro, a lo que Ray accedió, rendido ante un embrujo que no comprendía.

El cuadro pareció conformarse y su voz serpenteante se apagó, liberando al vigilante de su influencia, a la que había sido sometida prácticamente sin percatarse. Ray volvió a su ronda con el recuerdo de haber visto una obra divina que absorbía la luz de la sala.

Lo que Ray desconocía es que aquello no se había tratado de un juego de luces, sino de un ente que resplandecía con luz propia. Un fragmento de una estrella olvidada, que canalizaba la energía recogida hacia su verdadera naturaleza, con la intención de hacerse más poderosa. La disposición de los cuadros conformaba un pentágono sacro, un catalizador de mentes y voluntades que hacía crecer el poder de la estrella, que ansiaba cada vez más.

«La luz de la verdad» aguardó inofensiva en la sala, esperando a su próxima víctima.

Anuncios