Reto 1: Escribe un relato que comience en un día de Año Nuevo.

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—Carga 200 mg de actocortina y 2 ampollas de furosemida.

No hace ni diez minutos que te encontrabas cenando y tomando las uvas con tus compañeros, en la escasa media hora en la que, por fin, habíais conseguido tomar asiento. Pero la voz asustada de la enfermera os ha sacado de allí en pocos segundos. Y con razón.

—La saturación no remonta. Traed un reservorio.

Miras el rostro sudoroso de aquel anciano, que entre sibilancias espiratorias y gorgoteos, lucha por respirar, por escapar de un destino que pretende llevárselo lejos.

Su edad avanzada y sus múltiples enfermedades contraindican su traslado a UCI si las cosas se tuercen —porque toda situación siempre es susceptible de empeorar—. Tú eres lo único que se interpone entre él y la muerte. Intentarás evitar ese encuentro, al menos por esta noche.

Escuchas el eco lejano de la televisión del resto de habitaciones. Los medios celebran la entrada del nuevo año entre vítores y números musicales. Escapas de ese sonido y te sumerges en lo que de verdad importa: escuchar sus pulmones a través del fonendo. La espasticidad ha cedido un poco y puedes escuchar lo que escondían esos bronquios que impedían la entrada del aire.

—Está hasta arriba de líquido.

—¿Mantiene tensiones? —pregunta tu compañero.

—180/110 cuando habéis llegado —responde la enfermera que os ha avisado.

«Perfecto», piensas. Un edema agudo de pulmón con tensiones bajas implica una altísima mortalidad.

La enfermera prepara ambas medicaciones con las proporciones que le habéis indicado y las conecta rápidamente a la bomba de infusión continua. Ahora debéis esperar a que el organismo responda.

Solo entonces miras hacia la ventana y encuentras en ella tu reflejo cansado. Durante un segundo, el tiempo se detiene y tú te detienes con él. Piensas en cuando todo era más sencillo, cuando el mundo era un lugar enorme y el cielo solo estaba un poco más lejos.

Recuerdas con ironía aquella época en la que tu mayor preocupación era aprobar un examen o elegir el modelito de turno, problemas insignificantes en tu nueva realidad. Tu punto de vista ha cambiado mucho en estos cuatro años.

Rememoras esa festividad en años pasados, celebrada con agradables cenas en familia, brindando entre risas y jolgorio, cuando al terminar las campanadas y bailotear un rato al son de trompetillas y matasuegras; te despedías emocionada para disfrutar de una noche insomne junto a tu pareja y tus amigos, bailando hasta que se te doblaran las piernas o hasta que el sueño y el alcohol dominaran tus sentidos. Tantos recuerdos e historias, tantas vidas entrelazadas, tantos caminos separados. Nada dura eternamente. La vida cambia y cada uno decide su propio sendero. Pero otros no eligen nada y también desaparecen de tu lado, pues la muerte se los lleva lejos. Y por ello vuelves a imaginar esa escena en el salón de tu casa, deteniéndote  en las sillas vacías, en los que ya se han ido…

Esa sensación duele un poquito y se te humedecen los ojos. Respiras hondo y ese nudo recién formado se disipa, antes de que tu cicatriz entreabierta despierte y te succione el pecho. «Ahora no es el momento».

Das media vuelta y te reúnes con tus compañeros. Han decidido trasladarse al despacho para revisar en el ordenador las analíticas pendientes, mientras preparan un café caliente.

Comenzáis a beber de aquel elixir achocolatado con la intención de despejar vuestras mentes, que empiezan a aletargarse por las horas de trabajo acumulado. Sujetas la taza con fuerza. Está calentita y su inconfundible aroma impregna la estancia. Una sensación amarga y dulce, cálida y relajante. Es agradable.

Pero tras unos minutos de tregua, aquel trasto infernal comienza a sonar de nuevo. Otro aviso, esta vez de la otra punta del hospital. Miras a tus compañeros y encuentras sus miradas cansadas, sus ojeras marcadas y su pelo revuelto, una imagen muy similar a la que portas tú en ese momento. Pero sus labios se curvan, sonriendo, tal vez por puro desespero. La noche será larga, pero permaneceréis juntos.

«Feliz entrada de año», bromeas mientras comienzas a marcar el teléfono.

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