¿Por qué los protagonistas de nuestras historias siempre son elegidos por el destino o un ser superior? ¿Por qué los fenómenos astrológicos más inverosímiles siempre ocurren cuando al protagonista mejor le conviene?

Relato participante en “Inventízate” del mes noviembre de El Libro del Escritor, ideado para desmontar y parodiar estos clichés.

Requisitos:

a. El título debe ser: “La orquídea negra”.
b. Desmontar un cliché.
c. El/la protagonista debe llevar consigo un libro.
d. Límite de palabras: 500.

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Aris avanzaba por aquella selva de hierro acompañando al candidato. El elegido era un chico de pelo rubio y tez pálida, criado en un pueblo del extrarradio. Un chico ordinario, sin cualidades. Un chico sin pasado ni futuro. Uno más.

Aris había aparecido recientemente en su vida, revelándole que el oráculo le había elegido como guardián de la humanidad, que debía acompañarla para despertar su poder dormido. Halton la creyó sin vacilar, era fantasioso y un poco bobalicón. Inició el viaje y recibió un libro. El anterior guardián había sellado su poder allí con una extraña condición: una vez cada quinientos años, durante la alineación de los planetas, su poder podía ser reclamado.

—Justo a tiempo, hoy es el día elegido —dijo señalando al cielo frente al altar.

—Qué casualidad, ¿verdad? —comentó Halton emocionado. Aris mostró una sonrisa forzada. Sí, aquello era demasiado cantoso.

Los astros se aproximaron, disponiéndose en una línea perfecta… hasta que su visión comenzó a relampaguear.

—¿Qué ocurre? ¡El cielo se ha vuelto verde!

Aris apretó nerviosa el interfono oculto en su bufanda, alejándose.

—¿Qué diantres le pasa al croma?

En el laboratorio reinó el caos. La gran pantalla fallaba.

—Arregladlo ahora mismo —ordenó el profesor Leto. Un fallo informático no iba a estropear sus años de investigaciones.

La imagen volvió a proyectarse. Halton sonrió, sin percatarse del engaño. En efecto, era algo tonto. El equipo, aliviado, lo siguió a través de las cámaras.

‹‹¿Un héroe nace o se hace?››.

Ésa era la pregunta que rondaba al profesor, la que había dado vida al proyecto ‹‹Orquídea Negra››. El mundo era un lugar caótico, lleno de gente egoísta y arrogante, violenta, avariciosa. La humanidad estaba contaminada por deseos oscuros. Apenas había personas extraordinarias, puras, desinteresadas. Apenas había héroes.

Pero, ¿y si él conseguía crearlos?

Para ello había seleccionado a un puñado de personas con cualidades notables y había estudiado sus mentes. Valor, inteligencia, justicia, honestidad, respeto; sólo eran química en aquella red neuronal. Estimulando las conexiones adecuadas, esas cualidades podían manipularse.

Pero necesitaba una mente perceptiva que aceptase el cambio, por ello aquella estúpida patraña mística. Además el Comité Ético había rechazado el proyecto y se había visto obligado a desarrollarlo ilegalmente.

Halton era el primer candidato. El programa O.R.A.C.U.L.O había seleccionado su nombre aleatoriamente de la base de datos.

La cámara enfocó al chico aproximándose al falso altar. Entonces leyó las palabras del libro que portaba, activando el experimento. Un haz de luz le envolvió y la radiación penetró en su sistema nervioso. El chico gritó mientras su mente se expandía. Desde el laboratorio pudieron ver un escáner detallado de su cerebro, de su actividad neuronal.

Gritó hasta perder el sentido y, entre espasmos, claudicó. Aris comprobó sus constantes vitales. Tras la frenética actividad neuronal, los puntos clave brillaban de forma estable. Minutos después, despertó. Su rostro parecía relajado, seguro. Su mirada era inteligente.

Leto gritó de satisfacción y su risa demente inundó el laboratorio. Lo había conseguido.

Había creado un héroe.

 

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